Una actitud muy típica dentro de nuestra especie es generar resistencia, y crítica casi inmediata, sin fijarse en lo que resulta ser finalmente importante y se oculta detrás de esa palabra que da escalofríos: el cambio. Lo cierto es que, independiente del manoseo político y del marketing, los tiempos actuales se están definiendo a sí mismos como la era de los cambios.

Ser mejor, en un amplio espectro, no es tarea fácil. Demanda autocrítica, esfuerzo constante y espíritu de superación. Ver en el otro la oportunidad de crecer yo mismo, es una puerta secreta hacia este camino sin retorno: el crecimiento personal.

 

Ante la incertidumbre de lo desconocido, surge espontáneamente una posición negativa que generalmente las personas adoptamos para no amenazar los cánones personales de “imagen mental” que cada uno durante años ha ido formando y reforzando. Por ende, como mecanismo defensivo inmediato se recurre a la descalificación, centrando los esfuerzos en la detección de errores o defectos de “esto diferente”, que nos afirma nuestra postura. Hacerlo nos “alivia”, ya que no pone en jaque nuestro ser ni nos ubica en un lugar en el que aparezcamos como algo inferior o de “menor calidad” comparado con el nuevo estímulo. A todas luces nuestro ego domina la escena y requiere satisfacer su insaciable cuota de vanidad y suficiencia.

Quizá la próxima vez que te sorprendas diciendo o pensando algo negativamente de alguien “destacado” (entiéndase, por favor, no rostros faranduleros), te sea beneficioso tomarte un segundo para analizar por qué esa persona ha conseguido ese sitial, qué precios y sacrificios ha pagado y los aspectos positivos que brinda su imagen para el entorno. Verías que así puedes ser cada día más abierto a los “detalles” que sí marcan la diferencia…

Un ejemplo admirable en este sentido es el de Yunus, ¡gran emprendedor!, quien contra todo lo que había sido desarrollado y estudiado, se convenció de que siempre hay maneras de ser creativo y constructivo. Su obra ya está por todo el mundo bajo el secreto de vender ideas antiguas pero siempre válidas: buena fe, confianza, responsabilidad, solidaridad… Mal que mal, tal y como lo señalase Edmund Burke, “todo lo que hace falta para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada” [1].

Alteremos nuestras preferencias, pero de manera evidente para que se note. El “mercado” es un ente proactivo que está siempre expectante ante la más mínima oportunidad. Subámosle el nivel al cuento, esforcémonos por ser más y mejores. Es una situación que no sale caro, de hecho ni siquiera nos cuesta un peso. Únicamente se requiere actitud, perseverancia y decisión. ¿Habías escuchado antes que esa es la clave del éxito? Evidente, todo el mundo lo sabe. Ahí entra en juego lo precaria de nuestra condición imperfecta, que pese a saber lo que es adecuado, no lo hacemos. Todo responde exclusivamente a una cuestión de necesidades, intereses y aspiraciones [2]. ¿Cuáles son los tuyos?[1] Yunus, M., 2001. “Hacia un Mundo sin Pobreza”, Editorial Andrés Bello, Santiago, Chile.

[2] Maslow, A., 2003. “El Hombre Autorrealizado: hacia una psicología del ser”, Editorial Kairós S.A., Barcelona, España.

Kenneth Gent F.

Kenneth Gent F.

Ingeniero Civil, Magíster en Ingeniería Industrial. Gerente general de Momento Cero.